
Los primeros nos provocan un dolor repentino, desgarrador. Los segundos nos desgastan poco a poco, como si fuéramos precipicios que las olas golpean sin parar mientras cientos de gaviotas nos utilizan como letrina. Las algas se nos enredan en los pies y al morir se pudren pegadas a nosotros.
Y entonces cogemos trenes, reservamos habitaciones de hotel en pueblos olvidados, vivimos enganchados a pantallas esperando que alguien decida hablarnos para informarnos del siguiente movimiento, el que nos acercará conscientemente a un final que hace años que buscamos. Pero ese final no llega.
Y de repente un día nos despertamos y sentimos el vacío: en la pantalla aparece The End y decidimos empezar otra historia. Una en la que nunca tengamos que fingir que no nos conocemos."
Paula Bonet, Qué hacer cuando en la pantalla aparece The End.